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viernes, 18 de noviembre de 2016

Transformers

Ilustración by Berta Aguado
La camisa de seda, el pantalón de corte masculino, el zapato de charol abotonado, el bolso grande de marca donde mezclas la agenda electrónica, los sueños literarios y la merienda de Sol. Los labios rojos. El pelo recogido en un moño bajo, no tienes ni tiempo ni arte para alisarlo. Repasas la presentación mientras saboreas el café, disfrutando del único momento de soledad del día, despacio, prolongando los minutos de calma hasta que escuchas a Juanito caminar por el pasillo. Os cruzáis y te muerdes la lengua. Has aprendido a no dar los buenos días. A no preguntar qué tal has dormido. A esas horas el silencio es el único rincón donde evitar grietas casuales.
Asumes el atasco con cabreo sumiso y callado, como la última derrota de la izquierda,  con la ingravidez del imbécil que no entiende que sea el partido de la corruptonomía quien consiga sacar al gobiernonato de la incubadora.
Expones tranquila, argumentas las dudas del cliente con el aplomo de la experiencia. Comes en veinte minutos. Respondes un mail, otro, otro, otro. Calculas un presupuesto, avanzas la presentación de mañana. Necesitarías un par de horas más para terminarlo pero es el tiempo de Sol.
En la puerta del colegio te ves ridícula con tanto glamour. Pareces una señora que vive en Conde de Orgaz, o en el Viso, cuya sirvienta se ha sentido indispuesta y no ha podido ir esa tarde a por la niña. Pero eres otro tipo de madre. Tu hija va a un colegio público y vives en San Blas. (Sin que sirva de precedente confiesas que Juanito tenía razón). Ahora tienes puertas con picaporte y pestillo, ya no recurres a la silla para evitar entradas inoportunas de Sol cuando robáis sexo exprés a su dictadura filial y habéis conseguido erradicar los pelos de la gata en las sábanas. Incluso han terminado las discusiones con Juanito por el dominio del retrete, puede relajar su esfínter tanto tiempo como desee en su cuarto de baño; ahora tenéis otro baño de chicas. Y aunque se podría calificar al salón presidencial como lo mejor de la casa, ese elemento que otorga al piso una estrella más que al anterior no es otro que el de tener dos baños. Y aire acondicionado. En los tiempos del cambio climático puede suponer la única manera de sobrevivir a los 44 grados de calor adulterado.
En casa sustituyes el charol por las zapatillas, la camisa por la chaqueta raída y el pantalón de corte masculino por una malla de algodón. Abandonas la sonrisa de cliente enmarcada en rojo y adoptas el recogimiento de la paciencia, los deberes, el escuchar mamá unas quinientas cincuenta veces cada tarde. Te disfrazas de Peter Pan, viajas con Sol al centro de los cuentos, la risa te nace del estómago, rebota en las paredes del salón y pintáis las puertas de la casa con los colores del arco iris.
Ahora planificas dietas equilibradas. Preparas cenas y comidas del día siguiente. Lo compaginas todo con un trabajo indiferente a tu jornada laboral. Contestas un mail, otro, otro, otro, envías la petición urgente para ayer y te llama el cliente. Sol grita su interminable retahíla de mamás, le haces un gesto para que se calle y te contesta con un portazo que desconcha un trozo del verde del arco iris. Cierras la puerta del despacho mientras el cliente te pregunta si estás en la oficina. Retomas la sonrisa profesional, ahora difuminada en rojo descolorido de ama de casa, y mientes, no, no estás en la oficina, acabas de salir de una reunión. Mientes con la misma naturalidad con la que le respondías a las dudas de esta mañana. Te recuerdo que mentir perjudica a tu salud, afecta a tu autoestima y eleva los niveles de ansiedad. Rehaces la vigésimo novena versión del ejercicio de internacional. Revisas las previsiones y las envías. Tarde, como siempre.
Detrás de ti suena un estruendo que dispara el ritmo de tu corazón que ya de por sí deambula entre viajes de adrenalina y borracheras de estrés. Deberías tener en cuenta que el infarto se ha convertido en la primera causa de muerte entre las mujeres españolas. A tu espalda la estantería recién montada se parte en dos, se resquebraja como la izquierda y el PSOE.
Te miras al espejo. Los cabellos ordenados en el moño bajo de esta mañana se han disparado en una especie de pelusa frita. Los ojos caídos, llorosos de cortar cebolla. Y un dolor de cabeza tan intenso que te parece vislumbrar la hinchazón de tus sienes en la imagen que retiene el espejo. Te observas buscando a la mujer moderna y te encuentras un esperpento de igualdad y conciliación familiar, una mujer transformer que sobrevive a la falacia del sistema con disfraces y un poco de droga. Te tomas un espidifen y te fumas un cigarro suavemente aliñado.
Escuchas las llaves. Sol se abalanza al cuello de Juanito, papi, papi, ya estás aquí, y se revuelca de alegría, parece un cachorro recién adoptado. A ti te dirige un leve movimiento de cabeza. Le preguntas qué tal. Te contesta con monosílabos, molesto, como el adolescente que responde a la pesada de su madre cuando le pregunta cómo le ha ido en el instituto. Te sientes un mueble desorientado que no encuentra su sitio en el nuevo piso de San Blas. Esperas en el pasillo a que te pregunte por tu reunión, o que te diga que ha sacado 30 segundos para leer tu microrrelato de 100 palabras. Cuando te das cuenta Juanito ha cerrado la puerta del baño, su baño, y sabes que puede tardar todo el tiempo que quiera. Te has hinchado de apatía conyugal, ahora eres un globo, un globo pesado, sólido, alicatado a los muros del hogar  y le gritas a través de la puerta que la estantería se ha reventado. Te lo dije, le sueltas. Y le recuerdas que no tuvo razón en el empeño del bricolaje, que nunca se le ha dado bien descifrar el lenguaje imposible de las instrucciones, ni elegir el tornillo correcto. Ni a ti, ni a él. Pero tú lo sabes y lo asumes. Otros no. Continúas expulsando escupitajos de displicencia herida hasta que te vacías. Ya no eres un globo. No eres sólida. Eres el zumbido molesto de una pareja incómoda. Cualquier psicólogo te diría que lo peor que puedes hacer es soltar toda tu rabia y tus reproches ametrallando a tu pareja a bocajarro.   
Le dices a Juanito que se ocupe de que la niña cene, que vas a escribir. Te sueltas el pelo, colocas tus rizos en sintonía con tus sueños literarios.
Abres el archivo. Lees lo escrito. Eres consciente de la mierda que lees. Borras todo y sólo dejas el título. La página en blanco. Tu cabeza en blanco. Tus dedos en blanco, inmóviles en el teclado, quizá esperando la magia de la inspiración que hoy no susurra leyendas intemporales. Desistes y te centras en corregir y reescribir el último microrrelato. Planificas el calendario de contenidos del blog. Buscas información sobre editoriales para autores noveles, autoedición, crowdfunding. Vuelves al título, a la página en blanco, a los dedos inmóviles. Te levantas de nuevo. Aliñas otro cigarro. Cuando regresas al estudio observas la estantería reventada. Podría considerarse incluso una obra de arte, metáfora de consumismo estéril,  ironía de un saber que sí ocupa lugar.
Sus páginas te susurran la hazaña de Juanito y cuentan como por amor ha movido uno a uno los tomos de la enciclopedia interminable. Cuatro veces, libro a libro, peldaño a peldaño, de un piso sin ascensor a otro, hasta llegar a San Blas, donde sí tienes ascensor pero no hay sitio para la Espasa. Y otra vez, uno a uno, Juanito repite la hazaña y baja los tomos al trastero junto con los estúpidos cedés esperando inútilmente otra estantería que los adopte. Decides que ha sido ese despliegue de amor volcado en la Espasa lo que ha consumido los escasos recursos de Juanito en las cosas del querer. De repente la odias, la regalarías pero nadie la quiere, la quemarías, como libros prohibidos por la invasión tecnológica

9ª Entrega de "Los Mundos de Rita" by


14 comentarios:

  1. La madre que te parió, Jelen. Esa mami somos todos, da igual hombres o mujeres,chicos,chicas o "chiques"; somos todos en algún momento de nuestras rutinas diarias; aveces incomprendidas pero,siempre adscritas a la condición humana. ¿Y de pareja?. Gracias y besos de amor. N MTL

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  2. Nacho, muy cierto. Cada uno con su rutina, sus luchas y reivindicaciones y los fantasmas pululando a su alrededor tratamos de lidiar lo mejor posible. Lo sé. Plasmarlo en papel es la mejor manera de expulsarlo sin conflicto y acercar posturas. Cada uno como puede, ya sabes. Gracias por estar ahí siempre, qué ganas de darte un achuchón. Todos mis besos para los dos.

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  3. Me encanta, fabuloso relato, aunque he de confesar que me ha estresado bastante. Besos y mucho pa comentar tenemos en esas palabras!

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  4. Gracias :)) aggg, sí creo que esa era la intención, que el lector sienta el estrés de Rita y de todos, aunque bajo una capa de cierto humor negro que creo que no he conseguido del todo :((

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  5. Tus aperitivos literarios son extraordinarios, pero espero con cierta ansia el plato principal, un novela corta o larga, para la que estás sobradamente preparada en todas sus vertientes:dominio expresivo apabullante, técnica depurada e imaginación capaz de dotar a la realidad de cualidades mágicas. Felicidades.

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    1. Alfonso, muchas gracias. Me alegras el lunes, no sabes lo que agradezco tus palabras. Ahí estoy, pensando qué hacer con lo ya escrito y decidiendo próximos pasos. Aún así, creo que la novela se me queda grande para tan poco tiempo como puedo dedicar a la literatura. O intentar organizarme mejor, ya veremos. Un abrazo fuerte.

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  6. La triste realidad de este principio de siglo. Todavía recuerdo la canción de Miguel Rios, Año 200 y lo poco q se parece a nuestra realidad. El relato transmite agobio y desesperanza, en una ciudad sin alma. Hay q repensarae la vida porque si no, caeremos al abismo. El próximo relato lo espero algo más optimista. Gracias por compartirlo. Juan.

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    1. Muchas gracias por leer y opinar. Es cierto, es algo desesperante. El sistema no facilita la conciliación pero exige que trabajes igual que un hombre, la igualdad de géneros en el hogar sigue siendo una lejana utopía, y pese a todo, la mujeres seguimos empeñadas en ser madres. No sé si es desesperante o es precisamente una metáfora real de esperanza. Gracias de corazón y mucha suerte con los relatos en cadena. Un abrazo.

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  7. Buenísimo tu relato prima. Confieso y practico el amor al mundo rural en el que vivo hace bastantes años, ¡qué recuerdos de esa vida urbana frenética y salvaje a la que no podré volver! Un abrazo y sigue deleitándonos con tus bombones literarios

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  8. Luismi, muchas gracias primo. Qué alegría que me leas y que te guste. Un abrazo fuerte. Me gustaría mucho hacer una quedada de Sanzs. Organizo con tu madre. Bss muchos.

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  9. Querida Elena, qué facilidad de expresión tienes. Me ha encantado tu relato tan real como la vida misma. Enhorabuena. Espero la continuación.

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    1. Nieves, cuánta ilusión me hacen tus palabras. Ja,ja, tan real como la vida misma, sí, habrá continuación en breve. Seguro. Gracias guapa. Feliz Navidad a toda la familia si no hablamos. Un beso fuerte y abrazos para todos.

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  10. Qué bueno Rita!,... toda una reseña de los tiempos que nos tocó vivir.

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    1. Gracias Norte, me alegro de que te guste :)) Feliz navidad mientras nos leemos entre el caos de la red. Un fuerte abrazo.

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